Santiago se desnuda en la soledad de su paraje, te presta la textura de su abrigo saxofón, y luego se marcha. Te deja en Órbita, donde las canciones se derraman lentamente hasta llenar tu vaso.

Una propuesta de final abierto, siempre cíclico, envolvente y gaseosa. Una experiencia electrónica que tira de la cuerda, esa que pende de la cabeza al corazón y que al marcharse, deja tu vaso lleno titubeando sobre el diafragma.

Dónde conseguirlo?